
Ya lo decidí hace unos días, no haré nada mas por este amor. Fue mucho tiempo de hacer solamente yo todo lo necesario para que por lo menos permanezca un hilo finito que nos una y ahora que estás dolorido es notorio que no me necesitás. Te envié varios mails en este mes y nunca recibí respuesta. Yo sé lo que es estar de duelo, pero también sé lo que es necesitar a alguien que uno ama en esos momentos. Uno necesita su presencia, sus palabras al oído o por lo menos escritas y uno necesita contar con esa persona y si cuenta con ella, estar a su lado, usarla en el buen sentido, llorar en su hombro, descargar su angustia, desahogar la pena en su pecho.
Nada de todo eso se vislumbró siquiera en vos hacia mí, exceptuando aquel llamado telefónico a los dos días cuando me contabas detalles del accidente. Creo que tenés suficiente contención con tu mujer, con tus hijos, creo que no me necesitás... por lo tanto, me voy, me alejo y espero que esta vez pueda ser para siempre porque mi alma ya no tolera más dolores. Entiendo el tuyo actual, hice todo lo posible en este mes, pero está muy clara tu ausencia total de necesidad de mi, de manera que hasta aquí llegué. Ya es tiempo de empezar a hacer yo también un duelo de este amor, alguna vez tiene que morir y será ahora, ahora cuando estoy tratando de que mueran todos los amores que ya no puedo sostener porque estoy débil, porque siento que a mi vida le queda un camino corto y porque siento que falta mucha necesidad de mi persona a los seres que he amado.
Se terminó Juance, fue hermoso amarte, ser madre y amarte fueron dos de las cosas más hermosas que me pasaron en la vida, la otra....bueno, la otra fue amar a un amor imposible, pero que aunque un corto lapso igual me hizo feliz como mujer, muy feliz.
De a poco me voy despidiendo y hoy es el día de despedirme de vos. No voy a enviarte más mails ni a llamarte por teléfono. Vos conocés todas mis direcciones y mis números y en el último mail te dije que contabas conmigo, lo seguís haciendo Juanqui, pero será necesario que una vez en la vida, levantes vos el tubo y pidas hablar conmigo. Que Dios te bendiga amor mío y cure pronto la herida que hoy tenés en el alma. Adios amor de mi adolescencia, de mi juventud, de mi madurez, de toda mi vida. Adios mi primer amor.