Releo lo escrito anteriormente y veo que hace ya tiempo que estábamos de alguna manera despidiéndonos, es increíble pero hace ya un año que estoy en esta encrucijada de que lo amo y sigo y luego nos alejamos y yo trato de que regrese y lo logro y dura muy poco y volvemos a separarnos...era una historia sin fin y así es muy desagradable la vida.
En la vida creo yo, hay que tratar de encontrar más que la felicidad, la paz, la búsqueda debe ser de la paz interior, de la paz de espíritu, del no tener que estar permanentemente recibiendo agresiones o defendiéndonos de ellas,
Ahora creo que al fin se asentó todo y cada uno seguirá sus existencias por su lado, como debió haber sido siempre, abandono, sí, lo que en otros aspectos de mi vida o mejor dicho en otros tiempos no hice, ahora abandono, me doy por vencida, no pude con este amor, no pude lograr que me ame, no pude lograr que sea mío, que me cuide y proteja, que me respete y me quiera. Lastimeramente, el final fue justamente la antítesis de todo eso que yo necesitaba de él y por eso el alejamiento esta vez será seguramente para siempre.
Hay situaciones, palabras, frases que exceden el límite de lo aceptable, de lo que nuestra dignidad puede soportar, y él esta vez ha cruzado ese límite. En el otoño de mi vida no puedo, no debo, no corresponde y no me sale, soportar ni aún de él, el hombre que más amé en la vida, el haber sido humillada como lo fui.
Por eso es que aquí dejo de pensarte, por lo menos, porque falta todavía para poder decir que dejo de seguir amaramándote...
sábado, 20 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Autoengaño
Sí, al fin me autoengañaba, porque sí me importó todo eso, absolutamente todo. Hubo un día en que por un detalle nimio, se desbordó el océano de resentimiento que tenía guardado, por haberme tenido que volver a Buenos Aires obligada hace ya qué se yo cuántos años, por no haberme recibido él cuando ya más grande e independiente me decidí a ir a verlo, por no haber sabido poner paños fríos a la situación y largarme como siempre al vacío sin medir las consecuencias que fueron graves y muchas, por haberme casado al fin con quien me casé y porque él se casó también diez o quince años después.
Desbordó el océano porque no soporté más esa pantomima que hacíamos de pareja que no era, que nunca fue, salvo seis meses de la adolescencia, se desbordó por su ausencia de atención hacia mí, su falta de demostración de que le interesaba algo más que un amor erótico verbal, me cansé de ser subestimada, humillada, nunca priorizada, me harté y desbordé en palabras, en frases, en páginas enteras de reproches y expresiones hirientes.
Él, como siempre, casi imperturbable, hasta que habló (o escribió, es lo mismo) y dijo sólo dos o tres frases que me destruyeron.
Luego por semanas, el silencio total.
Hoy, lo reintento, no sé si logré algo, pero es mejor creer que no, que todo terminó definitivamente como lo creí hasta ayer, porque la desilución me mata, me asesina y ya no la puedo soportar más.
Quiero quedarme con los buenos recuerdos, que fueron varios, algunos muy felices y dormirme cada noche sólo pensando en ellos, sin volverme a autoengañar.
Es preferible la más dolorosa verdad a la más cómoda mentira.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

