lunes, 30 de mayo de 2011
Ternura
Cómo me gusta escribirte aquí, aunque no conocés este blog... creo... pero igual me gusta decirte aquí las cosas que siento. Acabo de enviarte un mensaje con nuestra clave secreta, estoy segura que enseguida recibiré respuesta. O estarás ocupado y deberemos dejar la posible llamada telefónica para mañana o me dirás que en un ratito te desocupás y podremos hablar tranquilos aunque sea quince minutos.
Quince minutos que para mí son quince litros de oxígeno, quién sabe cuántos miligramos de endorfinas para sentirme bien y vaya uno a saber qué cantidad de adrenalina para aumentar la vida.
Tus palabras amor, tus frases, los apodos que me ponés cuando me nombrás, todo, absolutamente todo lo que venga de vos me hace bien.
Hace unos días tuviste un gesto de ternura que si te hubiera tenido cerca te hubiera llenado de besos teniéndote amarrado con un inmenso y apretado abrazo: Es que yo había estado hablando con vos por mensaje de texto en el celular y de pronto no sé cómo, surgió el recuerdo de mi chiquita, de mi hija ángel y como vos sabés que eso me pone triste, yo me dí cuenta cómo trataste de sacarme del tema con giros humorísticos que no fueron evidentes de inmediato pero que de a poquito me hicieron reir y la verdad por un rato me olvidé de la tristeza de la ausencia de mi nena. En una de las contestaciones de mis mensajes yo lo hice con onomatopeyas de risa y vos me contaste con un tiernísmo "¡Qué lindo es verte reir!".
Te juro mi amor que con eso me compraste, y me regalaste lo mejor de vos quizás sin saberlo, por esas pequeñas cosas y por tantas otras es que seguiré el resto de mi vida amaramándote.
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