lunes, 12 de octubre de 2009

Yo no tengo cadenas



Te regalé palabras en este día solitario y gris. Palabras de cuentos, cuentos que no son cuentos porque son nuestra historia, versos que hilvano y remiendo y cuando creo que el poema puede ser luz, muy pocas veces por cierto, te lo envío como hoy. Luego me quedo como vacía, la noche se me hace larguísima, porque sé que recién mañana podrás leerlo, nunca podrías hacerlo desde tu casa, tiene que ser desde tu oficina y entonces después de pasado el tiempo prudencial, comienza la ansiosa espera de la respuesta. Que a veces llega varios días después.
Esta vez me animé a pedirte que no fueras tan escueto, aunque noté que tratas de serlo menos desde ese último mail mío en que dejé un pedazo de mi alma. Nunca olvidaré tu respuesta, estabas desesperado, sólo porque yo te decía que me habías dañado y que lloraba. Me pedías por favor que no llores.
No soporto más tu parquedad amor, quiero palabras, muchas palabras, escritas, oídas por teléfono, pero muchas, las necesito, sé que están todas guardadas en tu mente y en tu corazón, aunque también sé que tenés miedo. Le tenés miedo a mi soledad, le tenés miedo a mi separación, creés que voy a intimarte a que abandones todo lo tuyo. No, nunca lo haría, ya no hay tiempo, sería hasta ridículo, si no lo hice cuando era posible, no voy a hacerlo ahora amor, en que me he aislado voluntariamente para eludir al mundo y sus habitantes. No, no te asustes, sólo necesito que sigas como hasta ahora, como éstos últimos dos o tres meses, con esta comunicación frecuente y  permitiéndome que te diga lo que yo siento.
Porque yo no tengo cadenas sabés? Ya nada me ata a la vida ni al mundo, no tengo ni un solo eslabón de una cadena que me retenga, para seguir viva o para seguir amaramándote.

Imagen - Yorsh Dors

No hay comentarios:

Publicar un comentario